Peligro de bomba
A las 10.15 del miércoles, una nada agradable voz femenina se filtró entre los parlantes de cada una de las habitaciones del Palace Hotel de Madrid. El tono era tan impersonal como dramático; el mensaje tenía su versión en inglés: Estamos en una emergencia. Por favor, desaloje el hotel inmediatamente. Coja las escaleras de emergencia. No corra, no grite. Se trataba de una amenaza de bomba. Y se trató de una evacuación rapidísima. A los cinco minutos estaban todos los huéspedes del hotel en la calle. En una esquina, el personal de cocineros, mucamas y botones formaban un paisaje como salido de Titanic. En otra, los distinguidos pasajeros. Entre ellos, todos los periodistas de la cobertura del lanzamiento del disco de Luis Miguel, Joan Manuel Serrat -que está de gira por España- y el mismísimo Luis Miguel.También se alojaba el presidente del gobierno catalán, Jordi Puyol. Por la calle, con los párpados pesa dos, se agrupaban entre otros Juan Alberto Mateyko y Marley. Por ahí andaba Serrat en pantuflas. ¿Y Luis Miguel? Nadie lo vio. Se dijo que partió rápidamente y que esperó en una confitería cercana al estadio Santiago Bernabeu a que todo terminara de una buena vez. Prontamente, una brigada antiexplosivos y un ejército de perros requisaron cada una de las habitaciones. No se encontró nada. Las autoridades del hotel no hicieron declaraciones sobre las causas de la amenaza. La versión más escuchada fue que la llamada provino de una fan de Luis Miguel que, harta de esperar vanamente que saliera su ídolo, decidió hacerlo salir a la fuerza.