San Lorenzo quedó menos apremiado que Boca, pero ya espera la revancha del próximo jueves, en Quito, con una certeza que inquieta a sus hinchas: para ser semifinalista de la Copa, deberá ir a ganar a la altura. También lo favorecería un empate por más de un gol, lo cual no cambia la idea macro: el equipo que pergeñó la hazaña del Monumental tendrá que protagonizar otra noche a paso firme para acercarse a la Copa, su vieja obsesión. Si la mayoría de los hinchas de San Lorenzo se fue preocupado del Nuevo Gasómetro, mucho tuvo que ver en ello el insólito gol que regaló Agustín Orion. El arquero quiso salir jugando tras recibir un pase de Gastón Aguirre y se entretuvo tanto con la pelota que Claudio Bieler, ex Colón, lo castigó con todo el peso que suponen los goles visitantes en la Copa.
De todos modos, pensar que la Liga ya tiene todo resuelto sería tan temerario como creer que levantadas épicas como las del Monumental pueden repetirse todos los días. San Lorenzo quedó mal parado, sí, pero potencialmente no es menos que la Liga. No sólo eso: ya dio muestras de que puede hacer pie en la altura cuando dio vuelta aquel partido en La Paz ante Real Potosí: perdía 2 a 0 y lo ganó 3 a 2 en una reacción para los libros.
Al igual que ante Estudiantes, Liga volvió a dejar en claro que es un equipo aplomado y que tiene un manejo de pelota capaz de despertar la envidia de más de un conjunto argentino. No se dejó llevar nunca por delante y durante buena parte del primer tiempo le quitó el balón a San Lorenzo y lo inquietó más de una vez. ¿De qué modo? Con la inteligencia de Damián Manso para moverse en el hueco que quedaba entre los volantes y los defensores centrales. Con la simpleza de un mediocampo combativo para recuperar y astuto para ocupar todo el ancho de la cancha. Joffre Guerrón y Luis Bolaños, dos morochos que cuando aceleran parecen velocistas, jugaron casi siempre pegados a las bandas y generaron dificultades por ambos andariveles.
San Lorenzo supo aprovechar al máximo una pelota parada para llegar al empate apenas tres minutos después de aquella grosera falla de Orion. Adrián González la puso contra el palo izquierdo y el festejo atronó en el Bajo Flores un poco porque significaba la igualdad, y otro porque todo el estadio sabía que el equipo de Ramón no estaba jugando a la altura de un compromiso tan importante.
Ramón modificó el dibujo al menos cuatro veces durante todo el partido pero San Lorenzo dependió en exceso de la búsqueda de Andrés D'Alessandro. El ex River exigió en un par de ocasiones a José Ceballos y lo dejó de cara al gol a Andrés Silvera, pero el delantero se la terminó entregando al arquero.
¿Qué hizo Ramón para tratar de modificar el rumbo? A los 18 del primer tiempo ordenó un enroque de posiciones entre Santiago Hirsig y Walter Acevedo. Hirsig pasó a la derecha del mediocampo y Acevedo, al costado opuesto. Al mismo tiempo lo mandó a D'Alessandro, quien había arrancado tirado a la derecha, a la posición de enganche bien definido, por el centro. Después, cuando Germán Voboril entró por el lesionado Hirsig, a los 37, Diego Placente se adelantó al mediocampo. Ya en el segundo tiempo, arriesgó con el ingreso de Menseguez por Placente pero tampoco hubo caso.
La multitud vivió el partido con una ansiedad desmesurada, como quien quiere que el tercer gol llegue antes que el primero, y el equipo no tuvo la autoridad suficiente para hacer valer la localía. Ahora, a la serie la tendrá que remar en Quito.