Si en los tres días escuchó y pronunció discursos sobre las virtudes de Israel y los lazos de amistad entre ambos países, comprometiéndose a respaldar a Israel como si fuera parte de los EE.UU. ("Irán debe saber que ustedes no son sólo 7 millones de israelíes, sino 307 junto a nosotros"), al tercer día el presidente estadounidense George Bush escuchó voces distintas, más jóvenes y menos diplomáticas, que lo llevaron a pronunciar una declaración inesperada.
El brote de sinceridad se produjo en un encuentro de Bush con 10 jóvenes ciudadanos israelíes de diferentes extracciones y entre ellos árabes musulmanes y cristianos, que enunciaron ante el invitado la situación en la que vive esta minoría que constituye cerca del 20% de la población. Bush continuó hablando sobre su confianza en la democracia, pero la palabra discriminación quedó en el aire hasta el final de la reunión. "Espero que Israel transforme su política de discriminación contra las minorías árabes como ocurrió con la minoría afro-americana en EE.UU.", dijo Bush. Con esta sorpresiva frase de despedida, culminó Bush sus declaraciones en Israel.
Minutos después de partir Bush hacia Arabia Saudita, el vocero del premier Ehud Olmert, Mark Reguev, resumió los logros de la visita, afirmando que EE.UU. e Israel acordaron medidas efectivas para evitar que Irán consiga la bomba atómica. Ambos países entienden que, en el tema iraní, dijo el vocero, se requiere una acción concreta para impedirle a Teherán lograr la bomba atómica. Al ser consultado por la opción militar y respondió: "Muchos líderes mundiales hablaron de las numerosas opciones existentes, y de la necesidad de agotar todas las instancias previas, e Israel está de acuerdo con ello", afirmó. En respuesta, Mustafá Muhamad Nadjar, ministro de Defensa iraní afirmó que "Israel eleva el tema del ataque a la República Islámica de Irán, para cubrir sus debilidades y la profunda crisis política y de corrupción que ha estallado allí".