Los ruralistas que vienen sosteniendo que es imposible que hayan sido los ganaderos los que encendieron los pastizales de manera intencional deberían revisar ese postulado. Decían que no es época, que la renovación de las pasturas por esa vía se hace a la salida del invierno. Pero no es así. En los alrededores de la casilla del apicultor Fabián Barrios, en la isla Talavera, los brotes nuevos tienen ya 20 centímetros de alto. La fosforescencia de esas plantas, gordas con el verde de la vida, contrasta con el suelo negro, arrasado por el fuego que se comió también 14 de sus enjambres. Observarían también, como lo hicieron los enviados de Clarín, que hay todavía varios focos ardiendo. Focos nuevos, generados -acusan los isleños- por los que largan las vacas en tierras fiscales y prenden los pastizales para que tengan comida fresca.
"Acá vienen con barcos, atracan, tiran la planchada y bajan 50, 60 vacas. Les tiran unos pesos a algún isleño para que se las cuide, prendan el fuego y las vacas tengan luego el pasto de verdeo para comer", dice Héctor Vallori, que vive "solo como Noé", solo con su incontado número de perros. Vallori comanda una asociación civil Zar-Capa (acrónimo con los nombres de Zárate, Canal Irigoyen, Pasaje Talavera). Son 35 socios. "A este ritmo vamos a quedar menos en las islas. Acá ya no tenemos lancha colectivo, ni lancha almacén".
Vallori habla de los servicios que fueron perdiendo. Lo que nunca tuvo no entra en su rosario de quejas. En esa zona del Delta, perteneciente a Zárate, nadie tiene electricidad. Esto no implica una romántica vuelta a la Naturaleza sino que no pueden refrigerar alimentos. Lo mejor que pueden hacer es lo que hacía el isleño Juan Flores con un pedazo de carne: colgarlo en lo oscuro, lejos de los bichos, para que llegue algo a sus ocho hijos.
Otros vecinos de la margen derecha del río son los Martínez. Jorge, de 45 y Graciela Garcúía, de 35 y 12 hijos. También protestan contra la hacienda que se escapa. Viven de "hacer monte, sauce americano". Cortan cada tres, cuatro años. Una cosecha al año, dos con suerte. Le están pagando 60 pesos la tonelada de madera, cosecha 60 toneladas cada vez. ¿Cuánto le da la madera al año? ¿Tres mil, cuatro mil pesos? "Si, por ahí", dice Jorge. Por eso regaña por el ganado, que le rompen los brotes de los sauces, y contra el fuego, que le quemó monte a punto de cosechar.
"Mientras estamos apagando, la gente sigue prendiendo. Desde que estamos en la zona hubo entre 30 y 50 quemas nuevas. Y no tenemos registro de una sola vaca muerta", dijo Sergio Rusak, director del Plan Nacional de Manejo del Fuego. Los cronistas de este diario vieron, desde una bote que avanzaba río arriba por pasaje Talavera, que al menos dos focos importantes ardían más allá de la costa Norte de ese río, hacia donde están las islas Lechiguanas. No era el partido de Zárate, donde el comando de operaciones montado en el Club de Planeadores fue levantado ayer. Pero era fuego. Ardía.
Argentina Chichiri, jefa del Departamento de Islas de Zárate, isleña también, tiene ideas. "Se podría fomentar la actividad silvopastoril, para la cría de ganado rotándola en montes, o introducir el cultivo de aloe vera, que es muy buen negocio, o fomentar la apicultura". Para el martes organizó una charla sobre apicultura. "La tierra es buenisíma, pero no tiene altura, se les inunda varias veces por año. Por eso buscamos un barco que pueda llevar ganado y una retroexcavadora para levantar la tierra y dejar las huertas a salvo de la creciente".
Son todos buenos planes. De momento, siguen sin electricidad. Y los lugareños como Barrios, el del inicio de este artículo, sabe que pronto las vacas vendrán por el alimento nuevo y con su torpeza voltearán los cajones con panales. Porque tampoco tienen alambrados.