Los clásicos son partidos diferentes, en los que poco valor tienen los antecedentes y la pasión suele ser un plus que muchas veces le tuerce el brazo al juego vistoso. Por eso, los hinchas de Gimnasia y Estudiantes coparon el Estadio Ciudad de La Plata ilusionados con vivir una gran fiesta de fútbol, olvidándose por 90 minutos de la tabla de posiciones y soñando con una victoria sobre el eterno rival.
Arrancó mejor el Pincha, haciéndose dueño de la mitad de la cancha con Braña y Verón, y abasteciendo rápido a su dupla de ataque (Maggiolo-Lugüercio). Justamente Lugüercio avisó a los 12 minutos, cuando remató pegado al palo de Kletnicki tras recibir una buena habilitación de Moreno y Fabianesi.
Estudiantes seguía dominando y parecía que su gol estaba al caer. Hubo que esperar sólo once minutos más y un tiro libre para ver el tanto del equipo de Sensini. Leandro Benítez volvió a lucir su exquisita pegada y la puso justa para la entrada de Maggiolo, quien dejó atrás a su marcador y fusiló de cabeza a un indefenso Kletnicki.
De allí en adelante, todo fue del Pincha. O casi todo, porque Gimnasia tuvo una llegada aislada en la cabeza de Civelli, quien estrelló la pelota contra el travesaño de Andújar. Mientras, Verón y Benítez abrían el juego y hacían que la pelota circulara al ritmo que más le convenía a Estudiantes.
Iván Moreno y Fabianesi pifió de zurda en el área chica a los 31 y se perdió el segundo, que casi dice presente siete minutos más tarde con un remate cruzado de Alayes luego de una gran jugada colectiva.
Se iba el primer tiempo y todo lo bueno que había hecho Estudiantes estuvo cerca de borrarse en una jugada. Cuevas pisó el área rival y le pegó al arco, pero Angeleri se cruzó y desvió la trayectoria de la pelota con sus manos. El árbitro Bassi marcó el penal y decidió expulsar al defensor. Enseguida, Federico Domínguez se hizo cargo de la ejecución: sacó un zurdazo cruzado que le escapó al arco y se fue pegado al palo. Así, Gimnasia se fue al descanso abajo en el marcador pero con un hombre más para encarar la segunda parte.
Dicen que el fútbol da revancha, y vaya si es cierto. Domínguez esperó 20 minutos y la tuvo. Córner de Cuevas y cabezazo del lateral para un 1-1 con mucho gusto a desahogo. Para colmo, Braña cometió una infracción en la mitad de la cancha y dejó el campo tras ver la tarjeta roja (doble amonestación).
¿Todo a pedir de Gimnasia? Nada de eso. En su peor momento, Estudiantes encontró un gol que le devolvió la fuerza, con una fórmula conocida: tiro libre de Benítez y cabezazo de Maggiolo. El delantero pincha rozó la pelota en el área chica y descolocó a Kletnicki. La gente del Lobo no lo podía creer.
A los 33, Bassi expulsó a Neira y las cosas quedaron 10 hombres contra 9. Gimnasia iba a la carga con muchas ganas pero poco fútbol, mientras que los de Estudiantes defendían como leones. Verón, jugando al borde del calambre, mostraba un esfuerzo conmovedor. La defensa, con Desábato como estandarte, devolvía todo lo que llegaba el área. El Lobo entregó lo poco que le quedaba con la expulsión de Salvatierra y terminó de resignarse.
Ganarle un clásico al rival de siempre tiene un valor especial. Hacerlo como lo hizo Estudiantes sabe a hazaña. Con un hombre menos, con varios jugadores en una pierna, así lo aguantó el Pincha. Es único líder del Clausura, es un puntero con todas las letras. Es candidato porque le sobran jugadores de categoría (Verón, Benítez), tiene una defensa confiable y además cuenta con Maggiolo, un goleador que aparece en los momentos calientes, cuando más se lo necesita.
Media La Plata está de fiesta. El Pincha manda en el Clausura. Se lo merece.