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Viernes 06 de diciembre de 1996, Buenos Aires, República Argentina |
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BUENOS AMIGOS. Bugs Bunny y Michael Jordan enfrentan a unos graciosos extraterrestres que quieren secuestrarlos y llevárselos a su planeta. |
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Michael Jordan pasó de jugador de básquet a actor. Un actor que sigue jugando al básquet en un filme de animación, acompañado por encantadores animalitos animados, como Bugs Bunny, el Pato Lucas o Porky. En esta comedia mitad humana-mitad dibujada, unos extraterrestres intentan secuestrarlo a él y a sus amigos animados: serán las nuevas atracciones de un parque de diversiones de un planeta de otra galaxia.
El mejor amigo del hombre no es en este caso un perro, sino un conejo. Bugs Bunny en persona, con quien el jugador de básquet dice tener no pocas cosas en común. "Como él, yo soy un bromista, me encanta tomarle el pelo a la gente." Y evidentemente, las bromas de los dos amigos dan resultado: deben enfrentar en un partido de básquet a cinco gigantescos monstruos extraterrestres.
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A los 32 años, no es que Michael Jordan esté por cambiar de trabajo. De chico ya era un excelente jugador de béisbol. A los 17 años y con cerca de dos metros, optó por el básquet y entró casi instantáneamente en el panteón americano, y luego mundial de este deporte. "Mi amor de siempre. Todo lo demás es un hobby, una diversión", dice con total seriedad. En su mítico equipo de los Chicago Bulls ganó paulatinamente su lugar de estrella planetaria del básquet... aunque esto comience a pesarle. "A veces, me gustaría simplemente caminar por un parque o recorrer Michigan Avenue y poder mirar todos esos grandes edificios, sin tener que preocuparme porque alguien venga a pedirme fotos o corra detrás de mí."
En suma, una carrera que habría podido continuar en el deporte en sentido estricto. Pero los productores quisieron poner en juego la popularidad del hombre que fue elegido cinco veces como el "ser humano más popular del planeta". La cara es tan famosa que frena el tránsito en Chicago. También lo frena en París. Michael Jordan es una auténtica estrella internacional. Y ahora también lo es del cine, gracias a Space Jam, el juego del siglo, en la que tiene coprotagonistas muy famosos, ... no todos humanos. Es posible que Jordan fuera demasiado famoso y demasiado glamoroso para no pasar por Hollywood alguna vez. Pero nunca podría hacer papeles con "una distancia demasiado grande entre la forma en que me ven y cómo soy." Su sonrisa es amplia cuando dice: "No me veo como malo. Sonrío demasiado." Eligió Space Jam, un relato épico sobre pequeños extraterrestres de uno de esos parques de diversiones en el cinturón de asteroides, que quieren secuestrar a Bugs Bunny y el Pato Lucas y hasta al Correcaminos, que el Coyote nunca logró atrapar. En el filme tuvo un aliado natural: el Conejo de la Suerte. "Bugs comparte algunas características conmigo", comenta, esbozando una sonrisa. "Yo soy bromista y me gusta tomarle el pelo a la gente. Soy muy alegre. Siempre me parece que gano haciendo un montón de cosas distintas. Aunque fracase, pienso que gano. Y Bugs es así." A nadie se le ocurriría decir que Bugs es tranquilo, mientras que Jordan es "muy cauteloso hasta que me siento cómodo con la gente." Pero parece que existe otra semejanza. "No conozco a muchos que no quieran a Bugs," asegura Michael Jordan. Y si Jordan lo dice... Cuando se le pregunta al mejor jugador de básquet del mundo qué hace falta para ser como él, dice: "Hay que medir uno noventa y ocho. Y ser audaz.". Michael es un símbolo, que transformó su juego americanísimo en atracción mundial. Ahora intenta otro tipo de estrellato. Que le pudo resultar muy complicado. Es que "no es fácil empezar a actuar siendo un virtuoso del básquet. Actuar -dice Jordan- es una forma muy distinta de entretenimiento y de puesta en escena. No es lo mismo que hacer una volcada..." Es cierto que hizo avisos publicitarios, pero Jordan era famoso por presentarse y trabajar duro exactamente la cantidad de horas convenidas. "Mi tiempo de concentración en situaciones como ésas es muy breve -dice-. Después de ocho semanas enteras de trabajo en la película, la parte más difícil fue ampliar mi tiempo de concentración. Al principio era realmente pésimo. No estaba dispuesto a tener paciencia. Mi tarea en el básquet consiste en correr y esperar, y mi juego se desarrolla instintivamente y en cuarenta y ocho minutos." Además, en el básquet "no tengo que pensar en hacer un show. Mi juego es tan creativo que entretiene a la gente. Las cosas suceden." Para Space Jam, estaba dispuesto a montar un show distinto. Por lo menos, Michael sabía qué podía esperar de sus amiguitos animados. "Pero la escena en la que estoy sentado en el sillón del dentista, con todo el movimiento de la animación, las bromas y los ojos que saltaban, fue verdaderamente terrible." A Jordan, que es excepcionalmente bueno en lo que hace, le preocupaba no saber si hacía las cosas bien; confió entonces en lo que veían el productor Ivan Reitman y el director Joe Pytka. Cuando las cosas se ponían difíciles, les pedía que actuaran las secuencias para él. Igual que en el básquet, siempre puede imitar lo que ve. Descubrió que representarse a sí mismo podía resultar desconcertante. Había colaborado en el guión, había sugerido su manera personal de burlarse de su época de jugador de béisbol y agregó algunos detalles de su infancia. Pero ahora debía hacer el papel de Michael Jordan, después de haber pasado años manteniendo al Michael Jordan real en celoso secreto. "Fue difícil porque como hombre del espectáculo y como celebridad uno siempre quiere caminar con un escudo. Nadie quiere que vean sus sentimientos reales porque los pueden interpretar erróneamente", dice. En el filme, Jordan es secuestrado por los amigos de Bugs, virtualmente chupado por un hoyo de golf y "los sonidos que debía hacer, los gritos y alaridos... No podía hacerlo frente a una sala llena, porque era un aspecto mío que la gente no había visto. Me sentía muy incómodo, avergonzado. Despejaron la sala para que me sintiera a gusto mostrando ese lado mío," dice. Pero el Michael Jordan privado no dejó que sus hijos se representaran a sí mismos, pese a que fueron al set y dijeron estar seguros de poder hacerlo. "Realmente, no quería que lo hicieran -dice-. Mis hijos recién tienen edad suficiente para empezar a viajar y comprender lo que representa Michael Jordan fuera de casa." Fue necesario algo de modestia para dejar que Space Jam se convirtiera en un paso de comedia improvisado en su vida. No sabe qué hará en el futuro, cuando deje de jugar. Y no descarta hacer más películas. Es una superestrella pero "no me asusta volver a la vida normal... si puedo," dice. "Lo único que quiero es estar en paz y ser feliz, haga lo que haga." Copyright SYGMA y Clarín |
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