Viernes 06 de diciembre de 1996, Buenos Aires, República Argentina

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PANORAMA

A dormir sin cenar












EL presidente Carlos Menem postergó un encuentro íntimo con el influyente Grupo de los 8, molesto "se dice en el Gobierno" por la decisión de los hombres de negocios de darle cierto apoyo al ex ministro Domingo Cavallo en las denuncias de corrupción contra el Gobierno.

La cita fue programada para la noche de hace dos jueves, pero un funcionario de la Casa Rosada canceló imprevistamente la cena. "Por ahora no podrá ser. Tendrán que esperar el regreso de Menem del exterior" fue la comunicación de la Dirección de Audiencias de la Presidencia a dos de los miembros del agrupamiento que invitaron al primer mandatario, Enrique Crotto y Jorge Blanco Villegas.

La molestia de Menem se debe a la reunión que el Grupo de los 8 mantuvo con el ex titular del Palacio de Hacienda. No tiene ninguna objeción al pedido empresarial, para que Cavallo bajara los decibeles de sus críticas contra Roque Fernández. El mismo actual ministro habló "un día después" con el presidente de la Bolsa de Comercio, Julio Macchi, para manifestar su satisfacción por el apoyo de los hombres de negocios a su gestión. Fue cuando Macchi se comunicó con Fernández para relatar desde el comienzo hasta el final la comida que compartieron con Cavallo en la Sociedad Rural.

Pero al Presidente le habrían disgustado otras dos cuestiones: ·Que el Grupo de los 8 le diera un escenario poco habitual a un ex ministro que ahora lidera las denuncias de corrupción contra funcionarios del Gobierno.

·Que en esa reunión los empresarios hayan coincidido con Cavallo en la necesidad de aumentar la transparencia del Gobierno. Y que mantuvieron un sugestivo silencio cuando el ex ministro criticó a Alberto Kohan, Elías Jassan y Carlos Corach.

·Que el Grupo de los 8 haya pedido una audiencia a Menem en forma inmediata al encuentro de Cavallo. En la Casa Rosada se lo vio como un intento de mediación de los hombres de negocios en la pelea con Cavallo, que el Presidente consideró improcedente.

La resolución tomó por sorpresa a los hombres de negocios. Porque no están acostumbrados a los desplantes desde el poder y por eso hicieron otro esfuerzo frustrado para encontrarse el pasado martes con Menem.

La insistencia se debe a los mensajes contradictorios que recibieron desde el propio seno del menemismo.

Todos conocen la decisión del ultramenemismo de no frenar la batalla contra el ex ministro. Figuras como Kohan, Jassan y Erman González no verían nada mal que Cavallo vaya preso y que eso implique un desprestigio definitivo hacia su figura política.

Pero los hombres de negocios tienen información precisa de que no todos piensan así, en la intimidad presidencial. Los empresarios chequearon que un sector del oficialismo pretende un acuerdo con Cavallo.

Saben que "aunque suene extraño" sería Carlos Corach uno de los impulsores del proyecto destinado a hacer un pacto con Cavallo.

Rara parábola, la de política oficial. El ministro del Interior fue, al iniciarse octubre, quien más ferozmente arremetió contra el ex titular del Palacio de Hacienda cuando anunció desde Cosquín, como sabiendo el final, que "habrá más tecnócratas que políticos presos por las causas de corrupción".

Corach conoce que la guerra sin respiro hacia el ex ministro provocó heridos en las filas del cavallismo. Pero también reconoce que dañó su imagen, al punto que siempre se lo computa a la hora de hablar de futuros cambios de gabinete.

Según los industriales, el ministro del Interior quiere buscar una solución al problema que inició y causó la escalada verbal del ex ministro. Por eso los hombres de negocios se movieron en esa dirección y trataron de armar una suerte de mediación. O por lo menos, alcanzar un mínimo mecanismo de convivencia entre el ex titular del Palacio de Hacienda y el menemismo.

También se sostiene en entidades como la Asociación de Bancos Argentinos y la propia Unión Industrial que Roque Fernández no tiene destruidos todos los puentes con Cavallo.

Existe un distanciamiento que profundizó viejas diferencias cuando ambos integraban el equipo económico. Pero no en vano viajó al Japón junto con el ministro el ex titular de la DGI, Carlos Sánchez, y el jefe del gabinete económico, Carlos Rodríguez, lo invitó a Juan Antonio Zapata (un cavallista, recientemente destituido del Ministerio del Interior) a integrar el equipo de asesores del Palacio de Hacienda. Por eso varios miembros del Grupo de los 8 insistirán en los próximos días en hacer el postergado encuentro con Carlos Menem. En esa posición están Crotto y Macchi, los banqueros Eduardo Escasany y Julio Gómez, así como el titular de la Cámara de Comercio Jorge Di Fiori. El titular de la UIA, Jorge Blanco Villegas, y Francisco Macri tienen una actitud más distante.

Pero en el fondo todos coinciden en que esta guerra de denuncias no ayuda a la marcha de la economía y menos a traducir en empleo la tenue mejora que tuvo la actividad económica. No es una novedad que las exportaciones aumentaron por el alza de los precios internacionales, porque el volumen de productos primarios e industriales que se enviaron al exterior bajó un 17 y un 7,7 por ciento. Y que la inversión se elevó un 17%, pero sobre una caída del 25% en el tercer trimestre de 1995.

Para el establishment, el Gobierno debe retomar la iniciativa. Quieren decirle en secreto, pero en persona, a Menem que: ·Hay que introducir un cambio de gabinete que le otorgue mayor credibilidad, transparencia y ejecutividad al Gobierno.

·Se debe desactivar la pelea con Cavallo, porque eso hace concentrar esfuerzos en cuestiones improductivas para todos.

·Es necesario instrumentar las reformas estructurales que Menem prometió y no se aplicaron. Entre ellas, la reforma laboral, que duerme el sueño de los justos en el Parlamento.

Aun para transmitir este mensaje, los empresarios van a tener problemas. Primero porque Menem tiene un calendario de viajes muy complicado que lo hará ausentarse del país muchos días hasta Navidad. También deberán evaluar el humor del Presidente y las ganas de escuchar esas sugerencias por parte del Grupo de los 8.

Igual son tres ideas emblemáticas que en la actualidad tienen los empresarios y fueron las que (quizá más diplomáticamente) escuchó Menem durante su gira por los Estados Unidos.

"El garante del modelo soy yo" fue la respuesta terminante que dio el Presidente a sus interlocutores en Nueva York y Washington, para enfrentar las dudas de los inversores externos y los grandes empresarios locales.

Estos problemas estarán, sin duda, en la convocatoria empresarial bonaerense. Miles de pequeños y medianos dirigentes hablarán en Mar del Plata con el presidente del Banco Central, Pedro Pou, el titular del Instituto para el Desarrollo Empresario Bonaerense, Miguel Saiegh (el operador patronal del gobernador bonaerense) y escucharán mañana al mismo Eduardo Duhalde. Quieren oír otra sinfonía. Porque para ellos el nivel de actividad es más un sueño que una realidad. Y no existe ningún tipo de acceso al crédito.

Esa falta de una política de crecimiento es una de las banderas que pretende tener la Unión Industrial y fue uno de los ejes de la negociación en el retiro marítimo que compartieron desde el lunes los candidatos a presidir la central fabril Claudio Sebastiani y Alberto Alvarez Gaiani.

Ayer, cuando la Fragata "Libertad" se dibujó en el horizonte del puerto de Buenos Aires, hubo un intercambio de llamados celulares. Ambos dirigentes tuvieron que responder una pregunta: ¿Hubo fumata? Y los dos coincidieron en una cuestión: en principio acordaron que Alvarez Gaiani presidirá la UIA, pero que recién dará una respuesta definitiva en las primeras jornadas de enero.



Marcelo Bonelli