Viernes 06 de diciembre de 1996, Buenos Aires, República Argentina

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UN CICLO BRILLANTE: GANO SIETE TITULOS EN CUATRO TEMPORADAS, TRES ESTE AÑO

Con la Supercopa, Vélez sacó patente de superequipo

Entre el 70 y el 75, Independiente fue el equipo que más títulos locales e internacionales cosechó. Fueron diez en total. Vélez, en cuatro años, sumó siete y va por más. Estudiantes obtuvo seis.




SUPERSERIE. La levanta Chilavert, la acarician Cavallero, Cardozo, Camps y Husain. La Supercopa llegó a Liniers.


Vélez no disfruta de la gloria de un día. Lleva cuatro años sumando títulos, anda de vuelta olímpica en vuelta olímpica, construyendo una mística, ganando un prestigio que hace pocos años ni siquiera soñaba el más fanático de sus hinchas. Vélez era un club modelo, con desarrollo en lo social pero con pocas copas en la vitrina, y en cuatro años ganó casi todo lo que se le puso adelante y edificó un ciclo muy cercano a los más grandes de la historia. En ese lapso sumó siete campeonatos: tres locales, una Libertadores, la Intercontinental, la Interamericana y desde hace pocas horas la Supercopa. Ahora tiene la panza llena de títulos. Habrá que darle tiempo para ver si iguala la fantástica serie de aquel Independiente que entre el 70 y el 75 se alzó con dos torneos locales, cuatro Libertadores, una Intercontinental y tres Interamericanas (diez campeonatos en seis temporadas). Por lo pronto, ya le sacó ventaja en materia de títulos (obtuvo seis), a los que logró el Estudiantes de Osvaldo Zubeldía (en cuatro años) que le dejó al club platense tres Libertadores, un Metropolitano, una Intercontinental y una copa Interamericana.


Bianchi, como un hincha más
"Por primera vez me sentí técnico"
Razones de un liderazgo












Es cierto que algunos torneos son más prestigiosos que otros, que la Libertadores tiene una historia y la Interamericana otra muy distinta, pero son copas que se suman y el hincha no le da vuelta la cara a ninguna. La prueba más cabal la dio la gente de Vélez el miércoles por la noche: le faltaba la Supercopa y llenaron el estadio de presencias (las familias concurrieron masivamente), de fiesta, de algarabía.

Vélez eligió sangre de su propia sangre para este recorrido. Buscó a Carlos Bianchi y lo puso al frente del equipo allá por el 93. Los resultados no tardaron en llegar. El Clausura de ese año fue el primer eslabón. Desde entonces Vélez mantuvo la columna vertebral. Casi nunca faltó la personalidad de Chilavert, el sostén de Trotta, Sotomayor y Cardozo en el fondo, la presencia de Marcelo Gómez, el manejo de los tiempos de Bassedas y la potencia ofensiva de Asad y Flores primero y los de la nueva camada después.

Hasta el recambio se fue haciendo con criterio. No solo el de Bianchi por Piazza. Vélez tenía en el semillero jugadores de jerarquía para ocupar puestos trascendentes. Piazza los manejó en las inferiores, los conocía a fondo y los llevó de la mano a primera. Así asomaron Camps, Posse, Pandolfi y Morigi con la misma marca en el orillo.

En medio de los cambios Vélez siguió creciendo. Porque tuvo personalidad, porque puede jugar bien o mal, pero siempre sabe a lo que juega. Por eso es referente para nuestro medio. Por eso es un modelo para tener en cuenta. Por eso sumó también la Supercopa como culminación de un ciclo brillante y la elevó al cielo para que esté más cerca de don Pepe Amalfitani y para que la disfruten los testigos de esta época que llevan orgullosos en el alma la ve azulada. Ellos quieren que nadie los despierte de este largo sueño. Que Vélez siga en la ruta de la gloria como desde hace cuatro años.



MIGUEL ANGEL VICENTE