Viernes 06 de diciembre de 1996, Buenos Aires, República Argentina

Home

Primera Página

Política

LA RELACION CON WASHINGTON: DIALOGO SOBRE LA SOBERANIA

Un clásico pedido por las Malvinas

Menem le dijo a Clinton que interceda para reanudar con Gran Bretaña el diálogo sobre la soberanía de las islas · Se trató de una solicitud que forma parte de la coreografía habitual de la política exterior argentina




Respuesta débil



Patentes: Menem prometió resolverlo en una semana
Menem ofreció a Clinton colaboración militar para combatir el narcotráfico
Un logro de la fuerte presión norteamericana





Si se va a pedir no hay que pedir menos que la Luna. Carlos Menem debe haber tenido presente esta idea -u otra similar- cuando solicitó ayer a Bill Clinton que vuelque el peso de la diplomacia norteamericana sobre Londres, para que acepte reanudar negociaciones sobre la soberanía del disputado archipiélago de Malvinas.

Puede sugerir un gesto político nuevo, pero como recordó en Washington el canciller Guido Di Tella a Clarín, cada vez que Menem se reúne con su colega norteamericano "hace el mismo planteo". A esta altura de las cosas, el pedido es parte de la coreografía básica de la política exterior argentina.

Pero a pesar de constituir, en esencia, una reiteración, el planteo del presidente Menem tuvo esta vez un contexto sugestivo, cuyos rasgos centrales pueden enumerarse así: Desde comienzos de década, cuando Menem decidió que reconstruir las relaciones con el enemigo de 1982 era una prioridad para la Argentina, la disputa sobre la soberanía de las islas permaneció congelada bajo una fórmula político-jurídica ("sombrilla") que, en teoría, la protege de modificaciones potenciales.

No es menos cierto, sin embargo, que ese letargo inducido del conflicto impidió un avance o retroceso, lo que en verdad implicó pérdida objetiva para el interés argentino que solo puede exhibir la tenacidad de su reclamo y algunas resoluciones internacionales que, en los hechos, no obligan a Londres, contra la posesión territorial efectiva que sin mayores problemas ejerce el Reino Unido.

Lo que debió haber sido un plácido sueño del litigio en espera de tiempos mejores afloró, una y otra vez, como pesadilla política en la búsqueda de acuerdos entre Londres y Buenos Aires sobre los recursos de la región, la pesca y la promesa de petróleo. El Gobierno creyó que el silencio sobre el corazón de la cuestión -la soberanía- ayudaría a construir consenso en temas puntuales. La experiencia demostró lo opuesto.

La expectativa por esta política fue tan intensa que el Presidente instaló un compromiso público de "recuperar las islas antes del año 2000" y Menem no ignora que la sociedad argentina parece haber adquirido recientemente el hábito de reclamarle con insistencia sus promesas. Además, en el tránsito de lo que, todo indica, será su último mandato consecutivo, los logros centrales que Menem se propuso obtener desde el poder tienden a adquirir mayor urgencia.

En el presentimiento de que la política para Malvinas aplicada está objetivamente agotada, el Gobierno busca recuperar lo que acumuló durante décadas en la ONU, cuyas resoluciones invocó ayer Menem ante Clinton.

La situación es compleja porque Buenos Aires se desinteresó del foro durante demasiado tiempo y hoy esta cifra proyecta la sombra más oscura: un posible intento de los isleños de transformarse en Estado soberano.



OSCAR RAUL CARDOSO