Viernes 06 de diciembre de 1996, Buenos Aires, República Argentina

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Política

NO HUBO ACUERDO PREVIO

El Gobierno y la CGT, sin reunión

Las diferencias sobre flexibilidad laboral y obras sociales frustraron el encuentro en el Congreso · Y nadie quiso condenar la reunión a un fracaso seguro · Acordaron que la semana próxima retomarán el diálogo












Con el mismo bajo perfil que habían usado para anunciar su reencuentro, el Gobierno y la CGT desplegaron ayer un catálogo de excusas ligeras, al anunciar la suspensión de la reunión que iban a realizar en el Congreso, después de varios meses de enfrentamiento.

Las partes pusieron todo su empeño en destacar que el encuentro quedó postergado para la semana próxima, con el argumento de que la agenda de Jorge Matzkin, jefe de la bancada de Diputados del PJ, le impedía asumir un papel de anfitrión.

En rigor, nadie quiso admitir que las diferencias que tienen unos y otros sobre flexibilidad y obras sociales gozan de buena salud. Así, parecía garantizado de antemano el fracaso de la reunión que no fue.

"Cuando vimos que nuestro piso de negociación era más alto que el techo de lo que estaba dispuesto a dar el Gobierno, decidimos cancelar el encuentro", se sinceró un vocero gremial, basándose en los magros progresos que hasta aquí consiguieron las comisiones técnicas que discuten sobre la "modernización" laboral. La falta de acuerdo fue también la nota central de las reuniones secretas que tuvo el Gobierno con la dirigencia cegetista.

Con todo, en la CGT hay quienes aseguran que no sólo son detalles técnicos sobre la reforma laboral los que provocan el disenso: "En el Gobierno hay una dicotomía frente al movimiento obrero, y eso que ahora ya no está Cavallo", dicen.

Concretamente, los gremios más poderosos creen que el ala política del Gobierno -expresada en el tándem Corach-Rodríguez- se mantiene proclive a llegar a un acuerdo con la CGT. Al revés, intuyen que la gente de Economía, con Roque Fernández a la cabeza, busca minar hasta sus cimientos el poder sindical. Al ministro de Trabajo, Armando Caro Figueroa, ahora lo ven más cerca del primer grupo.

"No sabía que me tenía que reunir con la CGT, me enteré por los diarios", comentaba ayer con tono despojado de fervor Carola Pessino, la asesora de Roque Fernández que con mayor ahínco levanta la bandera de la flexibilidad laboral.

Más a gusto para el oído del sindicalismo, el ministro del Interior, Carlos Corach, restó importancia a la suspensión del encuentro: "Estamos trabajando para discutir los temas pendientes", sostuvo.

Más allá de la interna del Gobierno, la CGT siente que la postura antiflexibilidad de la Iglesia puede convertirse en un elemento clave para usar a su favor.

En las antípodas

Los principales puntos de discusión entre Gobierno y CGT son los siguientes: Obras sociales: el oficialismo levanta la bandera de la desregulación y promete que en 1997 los beneficiarios del sistema podrán elegir libremente su obra social. El sindicalismo replica que no convalidará el quiebre del modelo solidario. Propone una nueva ley de obras sociales.

Indemnización por capitalización y emergencia ocupacional: el Gobierno defiende la iniciativa parlamentaria que unifica un nuevo régimen de indemnización con una nueva y única modalidad de contratación promovida. La CGT dice que la emergencia daría pie a decretazos.

Paritarias: es el punto más conflictivo de la negociación. La CGT se niega de plano a que los nuevos convenios queden atados a un plazo prefijado y a que se habiliten a las comisiones internas de las empresas a que ocupen un lugar central en las discusiones salariales.