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Viernes 06 de diciembre de 1996, Buenos Aires, República Argentina |
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El presidente peruano, Alberto Fujimori, volvió a mover su entrenada cintura política y logró que el Congreso aprobara en solo 24 horas una ley de amnistía que obligará al ejército a dejar en libertad al general retirado Rodolfo Robles, arrestado la semana pasada tras lanzar durísimas acusaciones contra la cúpula castrense. La amnistía, aprobada con los votos a favor de la mayoría oficialista y de casi toda la oposición, beneficia a los militares retirados procesados por el fuero castrense por "ultraje a las Fuerzas Armadas, insulto a los superiores y desobediencia". Es, prácticamente, una ley hecha a medida del caso Robles.El jefe de Estado hizo gala de sus rápidos reflejos al interpretar el enorme rechazo popular a la violenta detención de Robles, que provocó la airada crítica de la oposición, de la opinión pública y de los organismos de derechos humanos. El general fue rociado con un gas paralizante y arrojado dentro de un auto por agentes de la inteligencia militar, el martes 26 de noviembre, luego de haber acusado al jefe del ejército, Nicolás Hermoza, y al misterioso y polémico asesor presidencial Vladimiro Montesinos de ser los cerebros de grupos paramilitares que secuestraron y asesinaron a sangre fría a 10 estudiantes sospechosos de simpatizar con el grupo terrorista Sendero Luminoso, en 1992. Fujimori criticó la detención de Robles desde un primer momento. Para algunos analistas políticos peruanos, el jefe de Estado intenta evitar que sigan cayendo sus alicaídos índices de popularidad, que descendieron abruptamente en los últimos meses. Las razones son varias: escándalos de corrupción que salpican a miembros de su gobierno, serias dificultades económicas y la controvertida aprobación de una ley que le abrió la puerta a una nueva candidatura en el año 2000, en busca del soñado tercer mandato consecutivo. El enfrentamiento entre el presidente y la cúpula militar por la detención de Robles es tema de tapa en casi todos los medios limeños, aunque otros casos menos políticos ocupan espacios más importantes, como la sangrienta detención del delincuente más buscado del Perú, conocido como "El Pitufo". La gente en la calle tiene su propia opinión sobre la crisis entre Fujimori y los militares. Como el canillita Gustavo Huarque, que mientras vendía diarios en un semáforo de la "vía expresa", que cruza Lima de punta a punta, le dijo a Clarín que "el chino (Fujimori) sabe que hay recesión y mucha corrupción, y no puede seguir poniéndose al pueblo en contra". "Cintura política" Para evitar un enfrentamiento directo contra la poderosa cúpula militar, el jefe de Estado logró que fuera el Congreso, por 89 votos contra 9, el que aprobara esta amnistía hecha casi para liberar a una sola persona. Pero está latente el peligro de una nueva crisis entre los uniformados y Fujimori. La gran incógnita que ahora está planteada es si los militares cumplirán con la orden que recibieron del Congreso de permitir la salida de Robles de su reclusión en la pintoresca prisión militar del Real Felipe, una ex fortaleza española que mira hacia el oceáno Pacífico, desde las costas del puerto de El Callao, vecino a Lima. El general debería quedar mañana en libertad, si se respetan los plazos legales y la nueva norma es publicada hoy por el boletín oficial, para su entrada en vigencia. Aunque hay quienes sostienen que Robles no saldrá, y recuerdan que fue tras las críticas presidenciales a su arresto cuando la justicia militar ratificó formalmente las acusaciones en contra del general. Las próximas horas permitirán develar hasta qué punto el ejército peruano está dispuesto a acatar las leyes. O si, por el contrario, desafía abiertamente al orden constitucional y a Fujimori, quien, paradójicamente, se apoyó muchas veces en los militares para poder gobernar. |
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SERGIO PERSOGLIA Enviado especial |
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